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Abraham Hurtado: “Hemos intentado conquistar ese lugar donde el error esté permitido”

Sentados en un corral abandonado sobre la Peña Negra, vemos el pueblo de Blanca descender hasta la alameda del río y los montes que se yerguen en el Valle del Ricote. Abraham Hurtado, director del Centro Negra, y a su vez performer y artista visual, cuenta el retorno del hijo pródigo a Murcia, la efervescencia artística del Berlín underground y su tiempo con La Fura dels Baus. Como en un péndulo, Abraham se mueve entre la periferia del Sur y las capitales de arte de todo el mundo. Al ritmo de ese movimiento se encuentran en el Centro Negra artistas, historia, experimentación, cosmopolitismo, recuperación de lo rural, prueba y error. En Blanca y Negra, bajo el azul imposible, nadie entra dos veces al mismo río.

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¿Por qué no queréis mostrar imágenes del Centro Negra?

Todo surgió por la idea de la descentralización. Queremos mostrar un centro en un entorno rural como es Blanca, en una localización tan específica como es Negra. En estos dos años hemos intentado concebir el proyecto más atrayente con respecto al contexto y al concepto con el que se trabaja que por el espacio en sí. Ya que éste siempre sorprende al artista. Queríamos darle al proyecto visibilidad por el contenido. Muchos han oído hablar del Centro Negra, pero no han llegado a venir. En el SOS 4.8, cuando me presentaban como director del Centro, me decían qué chulo, pero en realidad no lo habían visitado. Quien quiera saber qué pasa en Centro Negra, que venga.

¿Por qué importa la localización del Centro Negra?

Soy del Valle del Ricote, de una pedanía de Archena, La Algaida, y lo conozco mucho porque venía con mi familia los domingos a esta zona. Cuando me pasaron la memoria del edificio, cómo fue construido, teníamos que documentarnos sobre dónde estábamos para concebir el proyecto y trabajar en la cultura del propio territorio. Negra pasó a llamarse Blanca por una orden de Isabel la Católica a raíz de una plaga de peste por la idea de purificación. Dentro de todas estas rocas y valles, ésta es la Peña Negra. El último reducto morisco está en realidad en el Valle del Ricote. Fueron los últimos en salir de la Península Ibérica. Esta zona es una judería. Salieron exactamente en 1614, doscientos años después de la expulsión de Boabdil de Granada. En lo que coinciden todos los artistas de diferentes nacionalidades y disciplinas es en sentir un espacio lleno de energía con mucha historia.

Seguro que esas capas históricas enriquecerán la búsqueda experimental de los artistas que residen aquí.

Exactamente, porque las líneas de investigación que tenemos aquí son cuerpo, territorio y espacialidad. Espacialidad es una palabra que no existe en el diccionario de la RAE, pero es una combinación de espacio y geografía que se ha estudiado en la filosofía francesa. Se trata de ver cómo la geografía muda a través de la identidad cultural y los posibles espacios que se extienden más allá del concepto geográfico. Es un concepto híbrido. El cuerpo es mi línea de investigación ya más de 20 años.

¿Cómo tiene lugar tu trayectoria profesional desde Murcia hasta Barcelona y Berlín y terminando de nuevo en Blanca?

Todo pasó a raíz de volver a estar en contacto con la cultura murciana a través de las invitaciones a Manifesta o La Conservera. Cuando Mara Mira llevaba la dirección del Centro Párraga me apoyó con mi trabajo tanto preformativo como visual en una residencia en el Centro Párraga en 2007.

Hace ya 20 años que me fui de Murcia. Estuve con la compañía Escándalo y con Paco Maciá aquí, pero en 1996 me fui a Barcelona y trabajé con La Fura dels Baus hasta 2005. Fueron seis años muy intensos. Hice una parada del 2002 al 2004 en Lisboa y allí encontré algo todavía más preformativo de lo que venía haciendo, alejándome más de los conceptos de teatralidad de la Fura, que al fin y al cabo era muy teatral en su investigación.

Imagínate que en la ESAD de Murcia estaba haciendo Lope de Vega y Calderón de la Barca. La experimentación me llevó al movimiento y de ahí al cuerpo y la Fura del Baus introducía mucho el cuerpo como elemento fundamental de acción y expresión en sus propuestas. Los vi cuando tenía 16 años en Molina de Segura con Noun y pensé que quería trabajar con ellos. Ni siquiera sabía si quería estudiar Arte Dramático, estaba en el instituto y me escapé a verlos. Vengo de un pueblo y una familia de agricultores y entendí que tenía que salir de allí si quería dedicarme al arte. Lo que más me llamaba la atención era el teatro porque era la referencia más cercana. Te hablo de un pueblo muy pequeñito sin acceso a la cultura. Tuve, en cambio, muchas referencias televisivas. Me marcó mucho el universo de Twin Peaks. Cuando mi padre se iba a dormir podía verlo porque vengo de una familia bastante rígida en el sentido educacional porque son religiosos, protestantes, por eso mi nombre.

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No sabía de la presencia de grupos protestantes en Murcia.

En el tiempo de Franco hubo un movimiento en el Valle de Ricote sobre la nueva fe del Evangelio. En cuanto a doctrina y ética está basado, sobre todo, en el Antiguo Testamento, pero también acatan el Nuevo, de modo que son judeocristianos. Mis padres nunca aceptaron que me dedicase a esto, aunque finalmente hubo una reconciliación. Cuando aparecí en el telediario de la Primera cuando hacía de protagonista de San Sebastián con la Fura dels Baus con Miguel Bosé, empezaron a creérselo, a pesar de tener 24 años y llevar desde los 18 estudiando y ganándome la vida profesionalmente con el teatro. Y aún tuve que invitar a mi padre a ser partícipe de mi performance en 2012 para que entendiera mi trabajo. Dentro de su intelectualidad y espiritualidad me dijo: “tú estás trabajando sobre la vida y la muerte”, y realmente mi trabajo va sobre eso, los estados mentales intermedios entre la vida y la muerte. Me interesa mucho los comportamientos humanos y sigo profundizando ahí.

¿No crees que tu interés por la muerte está influido por la religiosidad de tu familia?

Obviamente, todavía recuerdo de memoria versículos de la Biblia. He ido mucho a la iglesia, así que he tenido de cerca la muerte del propio Cristo. Desde pequeño me han educado qué Él ha venido a morir por nosotros y limpiar nuestros pecados y que Dios nos ha dado su hijo para que podamos tener una vida eterna. Una educación muy insistente, aunque finalmente hemos llegado a respetarnos mutuamente en la creencia y no creencia. En la adolescencia me rebelé contra la fe de mis padres porque yo me preguntaba: ¿no quieres que me dedique a esto porque lo dice un libro antiguo?

¿Cómo ves tu trabajo en la Fura dels Baus?

El trabajo en La Fura fue muy interesante en la parte de la experimentación. Entré en la Fura con la primera ópera que hicieron, La Atlántida. Me interesó mucho romper un formato de cartón piedra como es la ópera con su lenguaje, su experimentación y tecnología. Hice también el mártir de San Sebastián y después toda la dirección de movimiento y también como actor en Don Quijote. Después me volvieron a llamar para La Flauta Mágica y decidí no hacerlo porque en cinco años ya había entendido cómo romper ese género. Básicamente cambié porque soy muy inquieto y me gusta mucho poner proyectos en marcha y crear las semillas de las cosas. Cuando la planta crezca que otras personas puedan seguir regándola y dándole su forma.

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¿Por qué consideras que existe tan poco interés desde las instituciones o el propio público por la experimentación?

Desde un punto de vista personal, lo que me aporta la experimentación es intentar conocernos más como sociedad, como personas, como cultura. Me lleva a intuir mejor quiénes somos. Dentro de las estructuras culturales e institucionales la han acorralado porque uno de sus fundamentos es que el modo de expresión más inmediato que no puede controlar ningún tipo de organismo ni de Estado. Es el más espontáneo y performativo. Ocurre aquí y ahora. Desde las instituciones se intenta ejercer un control exhaustivo sobre qué tipo de “cultura” se ofrece a la sociedad. Entonces el arte contemporáneo se convierte en una herramienta subversiva. Lo que se ha creado es un mercado de arte contemporáneo, pero no se ha creado un marco para comprenderlo.

La industria cultural desde mi punto de vista ha conseguido acorralar el arte contemporáneo entre galeristas, coleccionistas y directores de museo, pero no ha llevado el arte contemporáneo a la sociedad. Se convierte en algo elitista que funciona como un mercado. Del 100% de los presupuestos regionales el 70% se dedica al Museo Salzillo, y al patrimonio histórico mientras que el 30% se dedica al arte contemporáneo como en el Centro Párraga, entre otros. El patrimonio es lo que nos lapida a los españoles porque como no somos Picassos, Dalís, Zurbáran o Goya no tenemos posibilidad de crecer como artistas.

¿De dónde obtiene el apoyo económico el Centro Negra?

Centro Negra tiene el apoyo del Ayuntamiento de Blanca junto con Swedish Art Foundation, Danish Art Council, Montreal Art Council y la Universidad de Arte de Sidney. El primer año sí recibimos del Ministerio de Cultura un apoyo de 60.000 € y se pagó a los artistas, que vinieron de las 17 comunidades e hicimos cuatro intervenciones con ese presupuesto. Pero al año siguiente desapareció la ayuda. ¿Cómo me dan la ayuda para poner en marcha el proyecto y después se interrumpe y no puedo continuar con los compromisos adquiridos para 2014 en Estocolmo, Berlín y Riga? ¿Por qué pongo en marcha un proyecto y después no se busca su sostenibilidad?

En gran parte, Centro Negra se ha puesto en el mapa regional, nacional e internacional gracias a la plataforma de la que soy fundador, Aadk, junto con Jochen Arbeit y Vania Rovisco en Berlín. Allí hicimos durante cinco años un trabajo underground, independiente y accionamos a 250 artistas que pasaron por la plataforma.

Hemos adaptado el proyecto al territorio, pero venimos con la misma filosofía, las mismas ideas de error. El error es algo que no está permitido en el artista porque tiene que producir, es una consecuencia del sistema en el que estamos. En este espacio hemos intentado conquistar ese lugar donde el error esté permitido, porque si no investigas y no identificas el error como artista no crece tu trabajo. Sobre ese error puedes aprender y encontrar una línea diferente que te lleve a otro tipo de universo y lenguaje. Esta reflexión se la proponemos a todo tipo de artistas: músicos, performers, artistas visuales… Ahora estamos también con investigadores de la universidad que hacen el doctorado y tienen interés en estar en contacto con artistas o movimientos sociales.

Cuando llegasteis a Berlín conocisteis a la generación punk

Exactamente, ellos tenían esa actitud de tener una propuesta e ir a una nave abandonada ya que Berlín Este se estaba vaciando. Desde la performance hicimos estas propuestas durante todo el boom de Berlín hasta su gentrificación más definitiva, desde 2005 hasta 2012. También me he ido de allí al concluirse un ciclo. Berlín ha tenido un proyecto de reconstrucción durante 25 años y con Vania y Jochen hemos estado en el sprint final. Desde 2005 empezaron a llegar inversores de todo el mundo. En Alemania se ha trabajado en esa dirección para que Berlín se convirtiera en el centro. Berlín quiere regir, culturalmente es la ciudad que representa Europa.

Me acabo de mudar a Blanca. Tiene que ver con ciclos, he vivido muchos años en grandes ciudades: en Barcelona, Berlín, en Lisboa, en Roma y la siguiente opción que tenía era Nueva York, donde estuve trabajando en 2011 y me planteé la posibilidad de irme con 40 años. La gran ciudad es para la gente joven. Al final opté por Blanca, por lo rural. Fue un momento muy específico en enero de 2012 que yo estaba preparando un trabajo para La Conservera. Pasó algo muy peculiar porque en enero de 2012 pasé dos semanas en Nueva York y me ofrecieron desarrollar más trabajo al año siguiente, hacer una residencia y una serie de performance allí. Me volví en febrero para inaugurar la instalación Fakeless en La Conservera y en esas dos semanas antes de la inauguración descubrí el Centro Negra. Fue ese movimiento de Nueva York-Blanca. Me gustó mucho por parar un poco el ritmo de vida y está relacionado con cumplir unos ciertos ciclos que tienen que ver con la edad y el tiempo.

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¿No vas a sentir claustrofobia?

No porque, por desgracia o por suerte, no puedo vivir del trabajo en Blanca y tengo que viajar para poder traer dinero. La semana que viene voy al Moderna Museet de Estocolmo a presentar una pieza llamado Between the two, una instalación viva con dos performers sobre el movimiento interno a través de dos cuerpos, cómo crear formas diferentes entre dos. Es el arte vivo lo que aporta el cuerpo, su gran herramienta. Viniendo del mundo del teatro y la danza contemporánea siempre he trabajado mucho el movimiento. El trabajo visual lo he venido desarrollando en los últimos tiempos. Ahora estoy con un trabajo visual que va a terminar en una especie de documental-instalación en 2016 y trata sobre la violencia interior. Me interesa mucho qué sienten las nuevas generaciones sobre la violencia del sistema en el que vivimos, el no futuro que tienen, gente muy preparada por universidades pero sin salidas laborales, su rabia interior. Trabajo con muchas nacionalidades e identidades. Sigo buscando el comportamiento humano, la acción y consecuencia de ello. Insisto mucho en una serie de estéticas y estados que identifican mi trabajo. Es un poco mi cuerpo, cuando trabajas lo haces con un alter ego. En los performers busco mi cuerpo en sus cuerpos y también procuro que ellos encuentren su cuerpo en mi cuerpo en un intercambio de creación. Yo aporto la idea y el concepto y ellos la hacen realidad. Como performer estoy preparando un solo para 2016.

¿Cómo ves la situación del arte en un momento de crisis?

La idea del arte está perdiendo peso como objeto. El arte se ha vuelto bastante global y la crisis ha llevado a que el arte sea algo mucho más vivo e interaccione más con la sociedad, que se pueda palpar, en lugar de crear un objeto que se convierte simplemente en mercado y no en cultura. El artista tiene que reflejar y reflexionar sobre los cambios de su entorno y sí que siento por conversaciones con artistas de todo el mundo que tiene que ver cada vez más con la experiencia artística. Creo que la institución debería escuchar más esos modelos y formatos y dejar al mercado que vaya por su lado privado. La administración no tiene por qué apoyar a la gente que hace negocio. Lo que tiene que apoyar es acceso a la cultura y llegar tanto a las grandes ciudades como a los pueblos, porque la cultura es un derecho universal, no lo hemos inventado nosotros. Mi deseo es que los jóvenes de Blanca que vienen al Centro en un futuro puedan continuar con un proyecto cultural sobre arte contemporáneo e investigación. Es un proceso largo y arduo, pero no imposible. Es lo que me hubiera gustado encontrarme con 16 años, igual entonces no me hubiese ido.

¿Tecnófobo o tecnófilo?

Soy analógico. Utilizo la tecnología para desmontarla, es decir romperla para hacerla más humana. El romper es una vez más el error, me interesan mucho los huecos.

¿Qué significó el retorno a tus orígenes?

Creo que podría haber hecho un retorno a Blanca como al Alentejo de Portugal. Me es más fácil contextualizarlo aquí porque puedo unirlo a mi propia memoria y recuerdo. Pero no he venido por un sentimiento nostálgico de la tierra.

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Tu trabajo en España es casi más desconocido que en el extranjero, ¿a qué lo atribuyes?

He estado fuera y no he tenido tiempo de llamar de puertas adentro. En una presentación de una pieza en 2011 en Barcelona uno de los programadores de Matadero que había creado un festival de performance me dijo: “¿tú tienes algún problema con la meseta?” No tengo ningún problema, sino sencillamente a mí nadie me ha llamado. Si me llaman de Estocolmo, Nueva York o Israel, voy para allá. También estuve en la Academia de Música y Coreografía de Jerusalén.

¿Cómo fue esa experiencia?

Muy duro porque trabajo mucho con la experiencia emocional. Uno de los bailarines con los que trabajé tuvo que ir a filas en la guerra del Líbano y estuvo con psicosis, se escapó y el Mosad lo recuperó en Brasil. Otro estuvo expuesto a químicos y tiene problemas neurológicos. Todo esto no sale en las noticias. Estuve trabajando con israelíes y palestinos. A los seis meses me bloquearon mi cuenta de correo y todo me apareció en hebreo, me vaciaron mi cuenta después de cinco años de emails, de cartas de amor, de todo.

¿Cómo ves el panorama cultural en Murcia con respecto al resto de Europa?

Aquí siento que hay muchos fuegos de artificios continuamente y a veces se puede utilizar de una manera casi cegadora. Somos muy folclóricos y tiene que ver con nuestra personalidad. Se ha criticado mucho por criticar porque la administración ha dado muchos pasos de ciego, lo cual es cierto, pero también se han abierto caminos o líneas que el murciano ha rechazado sencillamente porque venía de la administración.

Tiramos piedras sobre nuestro propio tejado en el sentido de no intercambiar conocimiento o crear puentes que creen cohesión. Hay cierto chovinismo y endogamia, lo cual pasa en todas partes, pero aquí lo veo muy pronunciado porque es donde vivo. Nos pasa con el Centro Negra, pensamos que podría ser un lugar de encuentro entre los artistas regionales y los artistas que vienen de fuera. Podrían surgir relaciones que brindaran nuevas oportunidades a ambos, establecer intercambios, nutrirse mutuamente. Habría que tejer una gran tela de araña que provocra una redistribución del conocimiento y la riqueza.

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Cuéntame sobre los próximos talleres que tenéis preparados para julio.

Para quien no conozca el Centro Negra, el edificio está creado sobre corrales, todavía existen alrededor. Queremos proyectar la idea de un posible distrito artístico. No tenemos que terminarlo ahora. Hemos invitado a cuatro arquitectos de la Universidad de Alicante que llevarán a cabo una tormenta de ideas sobre el un “distrito artístico” basado en ecologías críticas, cómo dignificar el barrio para que artistas y gente en general pueda habitar esta zona. Se trata de poner en el mapa cultural internacional a Blanca y a la Región de Murcia, de forma real y sostenible. Invitamos a gente joven y creativos a que vengan a vivir a Blanca. Hay muchas casas cerradas muy interesantes. Ver cómo habita ese pasado desde una perspectiva contemporánea.

También tenemos cine sin pantalla con la colaboración de la murciana Silvia Rey, que está en Madrid, e hizo el largometraje Dios sabe sobre el terremoto de Lorca. Habrá cine gratuito proyectado en la roca todos los viernes. Del 18 al 24 de julio. Hay otro taller muy reducido de ocho personas con la coreógrafa americana Meg Stuart.

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Entrevista: Elisa Reche

Fotografía: Fran Bécares

Lugar: Centro Negra, calle del Castillo 30, Blanca (Murcia)

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Sobre el autor

Periodista especializada en Asia y con un MA en Estudios Asiáticos por la Universidad de Leiden, Holanda. Ha trabajado durante seis años en China, India y el Sureste Asiático para agencias, radio, websites, diarios como Público, revistas como Tiempo y en Comunicación del Instituto Cervantes de Pekín. Ahora, de vuelta en Murcia, echa de menos los dim sum y el arroz biryani y se interesa por la mujer y los procesos de creación artística.

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