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Cuatrocientos seis kilómetros. Esa es la distancia exacta que hay entre la puerta de mi edificio situado en pleno centro de Murcia y mi hogar desde hace diez meses en el conocido barrio madrileño de Malasaña.

Cuando hace ya muchos años decidí que mi futuro estaría en el mundo de la Publicidad, tenía claro que probablemente acabaría viviendo en la capital por motivos laborales. Y no me equivocaba. Una década después, Madrid se ha convertido en mi ciudad de acogida.

Cualquiera que haya vivido o visitado Madrid, ya sabe todo lo que sigue en las próximas líneas. Enorme, encantadora, caótica. Una ciudad que te sorprende minuto a minuto. Hay tantos rincones que no creo que nunca nadie haya sido capaz de visitarlos todos. Y si alguien con mucho tiempo libre lo ha conseguido, probablemente no podría recordar ni la mitad de ellos al terminar su hazaña.

Malasaña es una de las zonas de Madrid que más encanto respira. Me fascina pasear por el barrio y ver los carteles antiguos en los que lucen -algo desgastados- los nombres de los locales y comercios. Cientos de lugares invadidos por la corriente hipster, que cuidan hasta el más mínimo detalle en su decoración. Algunos toman café en tazas de porcelana antigua, otros tantos leen un libro que probablemente heredaron de un antepasado, y también los hay que escriben mientras miran por la ventana en busca de inspiración. Si te gustan las exposiciones o los mercadillos a pie de calle, te sentirás como pez en el agua recorriendo las calles malasañeras.

Pero no he venido aquí a hablar de mi libro. O al menos, no del que estoy escribiendo actualmente. Me han llamado para que hable de otro ejemplar mucho más largo, con muchos más capítulos y del que todavía no existe un final.

Por eso, quiero recordarte lo mucho que te echo de menos. Sobre todo cuando está nublado y el sol se va de vacaciones. En esos días me acuerdo especialmente del mar y de tus 366 días de buen tiempo. Te echo de menos cuando tengo que combinar un par de paradas de metro para tomar unas cañas, o cuando la casa de mis amigos ya no me “pilla de paso”. No me acostumbro a pasar cada mañana, de camino al trabajo, por la puerta del Cine Rex madrileño. Te echo de menos porque ya no suelo disfrutar de las comidas familiares de domingo, de tus cuarenta grados en verano o de esas tapas en tus terrazas.

Te echo de menos porque tú también lo haces. Los bares de siempre sonríen al recordar mi manía de ir siempre a los mismos sitios. Tus calles del centro se preguntan por qué he dejado de hacer la misma ruta. Tus salas de cine no entienden el motivo de que ya no las visite cada domingo, y la azotea de mi edificio quiere que vuelva a compartir con ella esos momentos de mirar a ningún sitio en especial y no pensar nada en concreto.

Siempre que me he ido me has obligado a volver. Pero de momento por aquí me están tratando bien. Te prometo que seguiré visitándote cada vez que pueda. No escuches a aquellos que dicen que te abandonan porque “Murcia se les ha quedado pequeña”. No te preocupes ni lo más mínimo, que cojan la puerta y dejen hueco para los demás.

Tú, para mí, sigues siendo la más grande.

Texto y Foto: Belén Buendía

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Sobre el autor

es una Publicista y Periodista nacida en Murcia. Cuando terminó la Universidad decidió especializarse en el ámbito de la creatividad publicitaria. Hoy por hoy, vive en Madrid, echa mucho de menos comer migas cuando llueve y trabaja como Redactora Creativa ( o creative copywriter, que suena mejor). Y cada vez que puede, coge un teclado y escribe todo lo que se le pasa por la cabeza.

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