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Javier Moreno: “2020 es un manual sobre la estupidez humana y la maldad”

Madrid era el sitio indicado y la librería-cafetería La Fugitiva, el lugar necesario para charlar con Javier Moreno, profesor de matemáticas y escritor. Empieza a hacer frío en la capital y rodeados de libros, y de clientes obnubilados ante pantallas de ordenadores, se van sucediendo, y emergiendo a la superficie, los trazos del literato. Buscando Batería fue su primera novela, aunque con Alma se ganó a pulso entrar en ese círculo reducido de personas que de verdad saben tratar las palabras. Javier Moreno piensa y se estructura a través de imágenes. Con él, acurrucados por la noche que caía incesante en Madrid, hablamos de lenguajes enrevesados, liberaciones, deseos, y un 2020 que pronto llegará.

¿Cómo se convierte un profesor de matemáticas en escritor?

Todo empieza hace 17 años, cuando estaba preparándome la oposición en Madrid. Ya escribía antes, empecé escribiendo poemas, relatos, luego hice una novela malísima que acabé destruyendo. Había comenzado a escribir una novela unos días antes de presentarme a la oposición. No tenía ninguna experiencia en la docencia. Hice el primer examen, que supuse que me había salido bien, y como había que esperar unos días a que te dieran la nota, seguí escribiendo esa novela, que terminó siendo Buscando batería, y me salieron 30 o 40 páginas. Luego me enteré de que había aprobado y que tenía que hacer otro examen, lo que me daba más tiempo para estar en un piso en Madrid y seguir escribiendo. La primera novela la escribí estudiando la oposición. La estuve moviendo y me llamaron de Lengua de Trapo. Tuve una entrevista con Pote, que era el editor en aquel momento. Me leyó un par de reseñas que habían hecho los propios lectores que tiene la editorial y me quedé pensando: “soy la hostia”. Me hizo una especie de test psicotécnico-literario, preguntándome qué autores me gustaban, y si me gustaban los autores de Lengua de Trapo. Me dijo que me daría una respuesta en 15 días. Efectivamente, me llamó para decirme que no, que al final, la novela no cuajaba con Lengua de Trapo. Entonces, seguí buscando editor y encontré a Bartleby, que en ese momento era una editorial que solo llevaba un año. Al final, mientras estudiaba la oposición, escribía, y me tomaba las dos cosas muy en serio.

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¿Por qué te decides a hacer matemáticas?

Cuando terminé COU estaba entre Filosofía y Matemáticas, pero me decidí por esta última. Luego pude quitarme la espinita cursando un par de años de Filosofía, aunque la dejé y me metí en Literatura Comparada. Soy un ser híbrido, ni carne ni pescado, me gusta moverme por terrenos intermedios y no distingo mucho entre ciencia y literatura. Me gusta ver la ciencia desde un punto de vista literario, y viceversa. Creo que cuando a la literatura le aportas un punto de vista de investigación, que siempre tiene la ciencia atrás, mejora. Me interesa proponer cada novela como un proyecto nuevo, me gustaría poder reinventarme siempre desde cero, cual ave fénix. En ese intento, siempre encuentro cosas que son buenas y otras que, probablemente, no, pero es la vocación que tengo.

El alma de Javier Moreno

Con 27 años publicas Buscando batería. ¿Encontraste muchas dificultades?

Realmente no. La única dificultad fue elegir la colección, ya que en ese momento tenía colección de narrativa y colección de poesía, y me ofrecieron que eligiera. Les había gustado la historia y como tiene un formato de verso, aunque no hay rima, me dieron a elegir entre esas dos posibilidades. Yo la había concebido como una novela, aunque tenga una forma relativamente poética. Elegí la de narrativa, pero lamentablemente esa colección desapareció poco después, un año o dos años más tarde, con lo cual la novela se quedó bastante descatalogada. La editorial siguió adelante, pero esa colección la interrumpieron. Publicar fue menos difícil de lo que esperaba. Lo que fue difícil fue publicar después, que tuve un periodo de siete años de travesía en el desierto.

Hablas de que te ofrecieron publicar en las colecciones de narrativa o poesía, ¿te consideras poeta o narrador?

Esto es como lo de ser de ciencias o de letras. Las dualidades me molestan bastante, porque no me encasillo nunca en ninguna de ellas. Si tuviera muy claro que soy narrador, te lo diría. Creo que hay gente que se mueve bien en los dos terrenos. A mí me gustaría ser un ejemplo de eso. Me interesan las dos cosas. Cuando hago narrativa se nota clarísimamente el oficio de poeta que tengo; y cuando hago poesía, lamentablemente para algunos críticos, también se nota que soy narrador. Cuando alguien quiere ataca mi poesía me dice que soy muy prosaico, y cuando alguien quiere atacar mi narrativa, me dice que soy demasiado poético. Convivo tranquilamente con ello, lo asumo, y sé que es el terreno en el que me muevo.

En 2008, ganas el premio Nuevo talento FNAC con la novela Click. Cuando la lees, el lenguaje literario y el matemático parecen no diferenciarse mucho…

Son distintos. Yo intento encontrar un punto en el cual los dos lenguajes se asemejen. Ese punto es difícil de encontrar, pero tiene que ver con lo que decía antes de mirar la literatura desde un punto de vista científico, y viceversa. Un buen científico es tan creador como un buen escritor. La ciencia no es solo resolver ecuaciones o hacer prácticas de laboratorio. Un científico que merezca la pena y que descubra algo, necesita tener una técnica muy depurada, como un buen escritor, pero también necesita tener ese punto de hallazgo, de euresis, el eureka. Esa euresis la tiene el buen científico y el buen literato. Intento cultivar ese punto de invención, que creo que lo llevo mejor a la literatura, pero ese punto (las metáforas, las analogías, las comparaciones) en los grandes científicos, que han creado la mecánica cuántica, la relatividad, se puede ver en los libros que han escrito, libros divulgativos, donde explicaban sus ideas. Y en esos libros se descubre la trama de su ciencia. Si lees esos ensayos, coinciden mucho con los que escriben los literatos acerca de su propia obra: sus preocupaciones, como encuentran esos hallazgos. Quiero decir, el punto de vista creador, donde tienes que situarte para ser creador, es muy semejante en cualquier ámbito de la ciencia y de la literatura.

Alma y Click, dos de tus novelas, están estructuradas en imágenes. ¿Por qué?

Bueno, creo que no solo Alma y Click, también 2020 es una novela estructurada en imágenes, aunque dilatadas, con capítulos un poco más largos. Estructuro así las novelas porque yo pienso en imágenes. Para bien o para mal, es la manera que tengo de ver las cosas. Ahí está lo de la poesía, que funciona con la yuxtaposición de imágenes. Con esas imágenes, con esas piezas de puzle, compone la imagen global de la novela. Funciono de una manera muy fragmentaria y esas unidades mínimas, como los átomos en la materia, son las imágenes. No puedo escribir si no hay una imagen detrás. Me cuesta mucho trabajo crear las típicas escenas secundarias, o de relleno, que son necesarias, pero en las que no puede ser uno siempre sublime (porque el lector también se cansa). También me cuestan mucho los tránsitos, describir cómo un personaje pasa de un sitio a otro…Siempre tengo que ir apoyándome en imágenes, porque si no me aburro como escritor, y pienso que el lector también se aburrirá. No tengo otra manera de funcionar. Intento hacer de mi debilidad, fortaleza.

¿Cómo te enfrentaste al pudor de escribir una novela tan íntima, tan personal, como Alma?

A veces pienso que si no hubiese tenido perfil de Facebook, no hubiese podido escribir Alma. Creo que sirve como práctica, como ensayo de lo que es la novela. La gente dice que es un conjunto de entradas de Facebook. Pues sí y pues no. Cuando la estaba escribiendo, en ningún momento pensaba que se pudiera relacionar. Puede ser que algún fragmento pequeño sí lo convirtiera en estado de Facebook, pero el 99% de la novela nunca tuvo ese formato, a diferencia de Manuel Vilas, que ha sacado ahora Listen to me, que es una recopilación de las entradas de Facebook que hacía en sus diálogos con Dios. ¿Cómo me enfrenté a ese pudor? Desnudándome a saco, intentando no hacer demasiado daño a nadie, salvo a mí mismo (pero ese riesgo lo corro). Y fui honesto. Al lector, sobre todo, le interesa la honestidad, por eso se lee mucho ensayo y hay mucha novela del “yo”, porque el lector necesita la materia prima. Creo que hay bastante hartazgo de la ficción. El lector está muy anclado a la realidad y quiere saber lo que está pasando, lo que es un sujeto. Alma es la creación de un sujeto contemporáneo, que soy yo, pero que si tiene alguna virtualidad el libro, es que sirve de proyección para los lectores.

¿Alma es algo que necesitabas sacar de dentro de ti?

Sí, pero creo que todo lo que he escrito no lo he hecho por amor al arte, no es mi manera de sentarme delante de un texto. Siempre busco una liberación, de los demonios personales (en el caso de Alma), o sociales y políticos (en el caso de 2020). Siempre busco una catarsis porque creo que la literatura, al menos la que a mí me interesa, tiene mucho de eso. Las historias convencionales que componen personajes a través de una trama, me pueden interesar, pero relativamente. Las leo como veo un partido de tenis, sin identificarme demasiado con los personajes. Veo y seguiré viendo la escritura como catarsis, y si alguna vez dejo de verla así, probablemente deje de escribir y me dedique a la cocina, que me gusta mucho, o a otro tipo de cosas.

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¿Crees que Alma será una novela que perdurará en el tiempo, qué seguirá siendo moderna dentro de 20 años?

Es el sueño que acaricia todo autor. Creo, esperanzadamente, que sí. Es una novela que tiene tres años y siguen saliendo reseñas, tiene un club de fans considerable y sigue dándome alegrías. Está nominada al premio Mandarache 2014, que es de Cartagena…Saber que ahora mismo hay cientos de jóvenes cartageneros que están leyendo la novela me produce un placer exquisito. Hay periodos en los que salen tantas reseñas de Alma como de 2020. Es un libro que se va a mantener dentro del underground literario español, pero que solo los iniciados habrán oído hablar de él.

2020 y la ira

En 2020 muestras un mundo descompuesto en el que parece que la bondad humana se ha perdido por completo. ¿Auguras un 2020 así, o has querido plasmar esa idea para que no lleguemos a esos límites?

La idea es que la gente tome conciencia, no es un libro para crear una revolución, porque ni siquiera creo que algún libro pueda conseguirlo, al menos de literatura, pero sí quería provocar una reacción en el lector. No pretendo hacer de agorero, sino ser alguien que muestra una posibilidad de futuro, a siete años vista, y que pretende que el lector reaccione ante ello haciendo lo humanamente posible dentro de sus posibilidades. Creo que 2020, sobre todo, es un manual sobre la estupidez humana y la maldad. Lo que pasa es que ahora hay muchas maneras refinadas de ser malo, no precisamente la psicopatía o el campo de concentración. Me interesaba ver dónde está el mal, y el mal, como decía, está actualmente camuflado bajo apariencias como la frivolidad, la banalidad, la economía.

¿Lo escribes desde la rabia por la situación que se está viviendo actualmente?

Sí, naturalmente. Siempre me pregunto dónde ha ido a parar la ira. Me estoy leyendo un ensayo de Sloterdijk, que se llama La ira y el tiempo, y habla de esa pregunta que yo me hacía al escribir 2020. La ira, a lo largo de la historia, ha estado ahí. Sloterdijk dice que la ira siempre ha estado muy ligada a Occidente (todas las guerras). Él habla de los partidos políticos de izquierdas como bancos para la ira, donde la gente deposita su ira, como una inversión, para que luego el partido de izquierdas te prometa una venganza frente a los que te están oprimiendo. Pero creo que ahora ni siquiera pasa eso, ni siquiera invertimos en nuestra ira. Es algo que me inquieta y me pasma. El capitalismo ha conseguido una especie de disolvente de la ira, que probablemente tenga que ver con los medios de comunicación, las redes sociales, etc., que hace que nos olvidemos de esto. Estamos todos muy cabreados pero no invertimos en nuestra ira, ni siquiera la desplegamos; bueno, menos estos pirados que ponen bombas en los confesionarios, que es el lugar menos apropiado para poner una bomba. ¿A quién le interesa ahora mismo la Iglesia? No es el enemigo. 2020, de alguna manera, ha sido una salida a mi ira personal.

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Y hablando de invertir en la ira, ¿crees que con lo que está pasando en las instituciones, el pueblo se puede cansar y recurrir a la violencia?

Lo dudo, sinceramente. Muy mal tendrían que ponerse las cosas, aunque están bastante mal. Está todo tan atado y bien atado, que siempre se consigue minimizar el daño, incluso cuando parece que va a producirse el desgarro social con el asunto de las hipotecas y los desahucios, siempre se produce el cambio político para maquillar la situación y que esa rabia no cuaje. Lo cual no está mal, porque siempre que la política reaccione ante los hechos y palie los daños, me parece bien, pero lo que van a hacer, simplemente, es repartir el mal de manera proporcionada, que cada uno soporte el peso de dolor que pueda soportar, no más, y lo consiguen muy bien. Saben perfectamente lo que podemos soportar y buscan el límite para no rebasarlo, de manera que salvo catástrofe económica y social, debida a motivos que ahora mismo se me escapan, no creo que se vaya a recurrir a la violencia.

En 2020, Eurovegas ya es una realidad. ¿Lo ves como un símbolo de la decadencia de un país?

Eurovegas es un síntoma bastante potente de esa decadencia. Otro síntoma es asomarse a las calles de Madrid y ver cómo están (N. del R: cuando se hace la entrevista, en las calles de Madrid se vive una huelga de basuras que deja una estampa, cuando menos, de suburbio bonaerense). No sé si al final se llevará a cabo el proyecto, no sé si habrá dinero para que Adelson se anime a venir. Creo que hay cosas peores que Eurovegas. Sí es verdad que social y mediáticamente, ha habido una resistencia moderada en Madrid, pero tampoco me preocupa tanto. Cuando conoces la situación en la que algunas personas viven y trabajan… A mí eso si que me parece inquietante. Me preocupa el pelotazo que ha habido, o haya podido haber detrás de Eurovegas.

En estos momentos, ¿qué tiene que hacer un escritor para poder publicar su primera novela?

Buscarse un padrino. No en el término mafioso, sino buscar a alguien que publique, que tenga buen criterio como lector y que pueda contactarte con un editor. Pienso que si alguien escribe algo que merece la pena, y no vive aislado, siempre va a tener la posibilidad de publicar. Si a mi me llega algo bueno, no garantizo que se pueda publicar, pero sí puedo decir a los editores de Lengua de Trapo, en este caso, “oye, mira, esto es cojonudo”. Las probabilidades, desde luego, aumentan. Luego, hay premios literarios que pueden ser un trampolín para la carrera de un escritor.

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“Tullidos físicos y espirituales”

¿Cuál es tu opinión, como docente, del informe PISA y sus resultados en España?

Está claro que España no es una potencia en cuanto a educación. España es, si acaso, una potencia paralímpica. Ahí somos los primeros del medallero. Este siempre ha sido un país de tullidos físicos y espirituales. La historia del Lazarillo podría actualizarse perfectamente con un vendedor de cupones de la ONCE y un ni-ni. Dejando a un lado esa realidad, no sé exactamente cómo se ha configurado esa prueba, atendiendo a qué criterios, etc. Ninguna prueba es un retrato objetivo del estado educativo de un país, aunque es cierto que conviene tomársela en serio como síntoma.

¿Qué dos clásicos españoles pondrías de obligada lectura en las escuelas?

Pues el Lazarillo y el Quijote. Me parece que en ese par de obras se retrata la esencia de esa enfermedad incurable que es ser español.

Existe una generación de escritores murcianos que está pegando fuerte en España, y en la que estás incluido. ¿Qué te parece?

Me parece fantástico. Cuando era muy joven echaba de menos referentes literarios regionales. Estaban Miguel Espinosa en novela y José María Álvarez en poesía, dos autores a los que siempre he admirado, pero pertenecían a una generación que me quedaba un poco lejos. Había gente de mi edad o un poco mayor escribiendo y haciéndolo francamente bien. Aprendí mucho de ellos (de Cristina Morano, de José Antonio Martínez Muñoz…), pero mi impresión es que -más o menos- había que arrancar desde cero, mirando sobre todo el panorama nacional e internacional más que el propiamente murciano. Creo que la situación ha cambiado. Los jóvenes escritores murcianos disponen de un buen número de referentes tanto en el mundo de la poesía como en el de la narrativa. La cercanía de las fuentes puede ser importante a la hora de contrastar la propia escritura y de acceder a una cultura literaria.

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¿Qué piensas de la cultura en Murcia? ¿Está aprovechada la ciudad?

Llevo mucho tiempo fuera de Murcia, aunque regreso de vez en cuando, lo suficiente para tomarle el pulso a la ciudad. Murcia no es ajena a la situación actual de crisis económica. Hay iniciativas muy interesantes que se han quedado por el camino por falta de financiación. Creo, sin embargo, que desde hace años existe un terreno abonado para la cultura. Hace falta sembrar, ponerle muchas ganas, y esperar que el ciclón no arrase la cosecha.

Entrevista: David Cano 
Fotografía: Julio González
Lugar: Librería Cafetería La Fugitiva, calle de Santa Isabel 7, Madrid

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Sobre el autor

Periodista y escritor de 26 años, especializado en temas de literatura y redes sociales. Su bagaje le ha llevado a trabajar en medios como Canal + y La Verdad de Murcia, además de colaborar con distintas webs de temática literaria y editorial. Ganador de un accésit en el certamen Creajoven de Literatura por el relato ‘Redención’. Murciano convencido de que en esta ciudad hay un fuerte volcán lleno de creativo magma y que debe recordarse para que no caiga en el ostracismo.

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