Antonio Villa: “Me gustaría que el teatro musical que venga demuestre que no es superficial”.

Nos reconoce Antonio Villa que el día antes de esta entrevista, antes de salir a escena con su último trabajo, La Ópera del Malandro, donde es protagonista, tuvo que apagar el móvil para poder concentrarse y olvidar que volvía a actuar en la ciudad que le dio la oportunidad de dedicarse a esto. Este molinense, afincado en Madrid, llegó al teatro musical medio de casualidad, medio por destino, e igual se ha colocado la chupa de Danny Zucko para cantar eso de “I got chills, they´re multiplying”, así como le ha dirigido un grande como Mario Gas, o ahora se contonea a ritmo de samba.

¿Por qué el teatro musical?.

Fue mitad fortuito, mitad algo que tenía que pasar. De pequeño estuve en un coro y estudié algo de solfeo, en mi familia no hay antecedentes teatrales, pero sí musicales. Mi abuelo era director de una banda y era músico profesional. Después de él, yo soy uno de los pocos que continuó algo por esa parte y desde niño me aficioné a la música clásica y a la lírica, era algo que tenía en la retaguardia. En la época de adolescencia y de la ESAD, fusioné esa pasión con la del teatro, empecé a investigar en el musical y me gustó. Al irme a Madrid, a probar fortuna, me surge la oportunidad de presentarme a un casting para un musical y allá que fui. Me preparé como pude de manera autodidacta y salió bien. Y a partir de ahí, me llamaron para otro y empecé a tomar clases.

¿Cuando estudiaste no estaba la modalidad de Teatro Musical?.

Fue justo cuando acabé, cuando comenzó la primera promoción de Teatro Musical. Sí estaba contemplada en la LOGSE, pero aquí no se impartía porque no había alumnos suficientes.

¿Cómo te preparas entonces para dedicarte a esto?.

Con clases particulares. Esta profesión requiere mucho entrenamiento, también corporal, yo no soy bailarín pero al hacer musical me ha tocado bailar mucho. Te apuntas a todo lo que puedes e inviertes en tu formación y tu mantenimiento.

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Siempre he pensado que el actor o actriz de musical está muy preparado, porque baila, canta, actúa, y todo a la vez.

Muchas veces exige un alto nivel en las tres disciplinas y, además, fusionarlo, porque a veces no es fácil estar bailando tratando de interpretar cantando. Son tres técnicas que hay que unir y es difícil que alguien te enseñe a hacerlo. Tienes que encontrar dentro de ti la alquimia para que eso se produzca y tenga coherencia y verdad.

En la época que empezaste te pilló de lleno el boom del teatro musical en España, sobre todo en Madrid.

Yo creo que lo que a mí me pasó tuvo que ver con eso. Aunque en España había un número de gente que podía llevar a cabo este tipo de espectáculos, no existía una gran tradición. Había una demanda que no se correspondía con la preparación real en cuando a cantidad de gente. Quienes podíamos hacerlo nos subimos a ese barco. Es verdad que hubo un boom, pero, igual que lo hubo, al venir el bache que hemos tenido estos años, se ha reducido. Creo que estamos en un punto de inflexión, el engranaje está empezando a girar pero la estructura que existía antes está muy deteriorada, no sé cómo vamos a sostener esto.

¿Cómo fueron esos comienzos que comentabas antes?.

El primer casting fue un musical nuevo que se iba a hacer, La heredera, un clásico americano que pretendían hacer musical, pero no consiguieron los derechos y se hizo la obra de texto. El siguiente fue para un concierto escenificado, El musical de Broadway, un recorrido por los principales musicales, los temas más conocidos del género, era un concierto de dos horas y éramos como 30 jóvenes.

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Tuviste la suerte de trabajar con Mario Gas en Follies y Sweeney Tood, ¿cómo fue trabajar con él?.

Es una referencia dentro, más de lo teatral, de lo musical. Él ha tenido siempre mucha relación con la música, y los musicales que ha hecho siempre han sido con su hermano ya fallecido, Manuel Gas, que era una figura muy importante dentro de la música pop, muy heterogéneo y muy reconocido. Tenían una pasión común que es Stephen Sondheim y yo la comparto. Cuando surgió la oportunidad me presenté a los castings de cabeza. Antes, Mario planificó, al abrir el Matadero, las salas que pertenecen al Teatro Español en Madrid, hacer un gran montaje de una obra de Kurt Weill y de Bertol Brecht, Mahagonny, y para eso necesitaban una gran cantidad de gente, yo estaba en otra producción, pero me pareció una oportunidad interesante, porque son de esas cosas que no son nada comerciales, que a los actores nos gusta mucho hacer y muy pocas veces se dan. Me presenté a la prueba y me eligieron, esa fue la primera audición. Mario es muy fiel a la gente con la que trabaja y le funciona, y a raíz de ahí surgieron las demás oportunidades, siempre pasando pruebas, no se podía dar nada por hecho. También porque había un factor musical que se impone mucho, hay ciertas partituras en las que puedes hacer lo que está escrito, o más o menos lo puedes defender, o no es viable, y con Mario surgió la oportunidad de hacer Sweeney Tood y Follies. Son de esas rarezas que son joyas no conocidas por el gran público pero los profesionales es un lujazo.

Trabajar con él es trabajar con estas grandes figuras de la dirección que trabajan de una forma que empieza a escasear. Él viene de una escuela y tiene una manera muy personal y muy libre, te deja hacer hasta el punto que dices: “no sé muy bien donde estoy”, pero te abstraes y cuando ya está terminado el proceso te das cuenta de que te ha llevado hacia un lado. Es interesante porque permite aportar muchísimo, pero no vale cualquier cosa. Los tinglaos donde yo he estado con él han sido cosas muy grandes, de mucha gente, con orquesta en directo de 50 músicos, de esto queda muy poco, y te das cuenta de la envergadura que tiene saber llevar a todo ese número de gente.

En Follies también trabajó Asunción Balaguer, una actriz muy querida en Murcia, ¿cómo es ella?.

Es muy especial. Es un ejemplo de vitalidad, de profesionalidad y como persona, brilla muchísimo, es como un ángel. Pero por otro lado tiene un carácter fuerte, tengo una anécdota, en el primer ensayo de Follies que coincidimos había un momento en el que las chicas recordaban sus noches de éxito porque iban a derribar el teatro donde habían trabajado, en un momento en el que ellas bajaban las escaleras como solían hacer cuando eran jóvenes, a algunos nos mandaron que en el ensayo las ayudáramos, cogí la mano de Asunción y dijo “no, no quiero que me ayudes, bajo sola”. Al final del montaje entre todos, hicimos una colecta para regalarle un retrato hecho por un compañero que es pintor. Eso que parece que es, lo es.

Ella, por Follies, se llevó el Premio Max a mejor actriz de reparto y el musical arrasó y se llevó los seis a los que estaba nominado. Con todo esto y lo que has contado, parece que fue un trabajo especial.

Fue una pena que se acabara, coincidió con un momento de transición política, de cambios de dirección en el teatro donde se hacía, de recursos… éramos una tribu. Era muy especial, porque habla de la evolución de las personas, de los sueños, de cómo se alcanzan, de cómo se desvanecen, cómo uno cree que desea una cosa y luego es otra la que quiere… y en un momento muy especial por las connotaciones que estaba teniendo con respecto a la vida real, a la vida cultural, al destino del teatro en el que estábamos haciéndolo, hacer este montaje en mitad de la crisis, con la gente ajustándose los sueldos para hacer una historia que era muy costosa. Lo que contaba la ficción estaba pasando fuera con nosotros, personalmente fue de estas cosas que te toca y las llevas ahí dentro.

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Fuiste Danny Zucko en Grease, uno de los musicales que todos hemos cantado y bailado alguna vez en nuestra vida.

Es como si lo lleváramos en los genes, es una música que nos ha acompañado siempre, una película que todos hemos visto y siempre funciona. Para mí fue toda una sorpresa llegar ahí, fue un punto de inflexión, fue importante hacer de Danny Zucko y me enseñó mucho porque me dio mucha tralla.

¿Cuál es el musical que te gustaría hacer?.

Hay un musical de Sondheim, Passion, donde hay un personaje, Giorgio… aunque se me escapa un poco de tesitura, es más grave, aunque ahora por la edad puede ser que lo tenga brillante.

Ahora mismo estáis de gira con La Ópera del Malandro, ¿cómo está siendo trabajar en un proyecto más pequeño?.

Es un montaje difícil de mover porque todo esto que hemos hablado es de productoras privadas o de teatros públicos y esto es diferente, el empeño de una compañía muy pequeña, casi familiar, de Madrid, Teatro de Fondo, y con una subvención… como están ahora. Somos nueve actores y cuatro músicos en directo, esto la gente no termina de entenderlo pero para quien conoce la trastienda de esta profesión y cómo está el panorama sabe que hay un gran esfuerzo. Estuvimos un mes en Madrid, en el Teatro Fernán Gómez. Es una rareza y una joyita, es música brasilera, de bossanova y de samba, muy diferente al musical comercial al uso, ahora estamos abriendo brecha. Todo el mundo sale encantado, pero no es Grease y la gente tienen tendencia a ver lo que ya conoce. Gusta a todo el mundo de todas las edades, pero no es para niños, es una historia sencilla y tiene unos personajes con los que la gente empatiza.

Ya has actuado en Murcia con La Ópera del Malandro, ¿cómo es para un murciano subirse a las tablas de un teatro de su tierra?.

Ha sido muy especial, hacía mucho tiempo que no venía a Murcia capital… desde Grease, creo. He hecho todo un proceso previo de venir concienciado porque cuando llegas aquí es una mezcla muy grande de muchas cosas. Murcia significa mucho, la etapa de estudiar en la ESAD fue de las más felices de mi vida, descubrir un mundo tan rico y tan sorprendente y a la misma vez importante para ti porque eso lo tenías ahí dentro y no lo sabías. Y para mí Murcia significa todo eso, por la gente que yo quiero, por el entorno y cuando estás fuera mucho tiempo eso se acentúa mogollón. Estaba como un crío pequeño y aún lo estoy. Decidí a partir de cierta hora dejar el móvil para entrar en una especie de cápsula, estar concentrado y no llevarme por la emoción y por tantas cosas que me venían a la mente.

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No eres el primer actor murciano que me dice eso de “hace mucho tiempo que no venía”.

Es complicado, porque no corresponde al deseo de uno, esto tiene unas reglas de mercado y son muchos factores lo que tienen que intervenir, que un espectáculo donde tú estés aparezca por aquí depende de la distribución, de quién lo este vendiendo, de si se puede programar en algún teatro, pero ahora mismo las cosas se han tambaleado mucho y la infraestructura se está recomponiendo: redes, teatros, cómo funciona, lo que se programa, por cuanto, estamos todos arrimando el hombro para que esto no desaparezca y siga teniendo una calidad mínima. Depende de la suerte, a lo mejor estás en un montaje y cuando se va a programar aquí lo tienes que dejar. Si por mí hubiera sido, hubiera venido mucho más.

¿Te gustaría continuar en el teatro musical?.

Sí. Me gustaría profundizar o ir a un línea que a mí me gustara más, pero lo primero es trabajar y será lo que venga dentro de unos límites. Es un género que me gusta mucho y con el que apuesto por la calidad de la interpretación porque hay mucha gente que tiene el concepto de que en el teatro musical no se interpreta bien, como que todo es superficial y a mí me gustaría que el teatro musical que viniera fuera el que demostrara que esto no es así.

Entrevista: Mercedes Zambudio

Fotografía: Raúl Alcántara

Lugar: Cafetería Los Nueve Pisos, calle Madre Esperanza 3, Murcia.

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Sobre el autor

Periodista y blogger de teatro. Seis años en televisión, al principio entre políticos, después conociendo las tradiciones de mi Región. Pero lo de que me emociona de verdad es sentarme en la butaca de un teatro. Ahora lo hago y te lo cuento. ¡Qué empiece la función! Mi blog www.teatrico.es

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